La ingesta de yogur es recomendada por expertos en la malabsorción de lactosa


La intolerancia a la lactosa es un problema común, que afecta a entre el 7 y el 20 por ciento de la población caucásica europea. Se estima que en España la padece entre el 35 y el 40 por ciento de la población adulta y sus síntomas incluyen principalmente dolor abdominal, gases y diarrea tras su ingesta.

Con el título "Intolerancia a la lactosa. La importancia del yogurt para la salud" se debatió sobre el consumo de este alimento en personas con intolerancia a la lactosa durante el XVI Foro Nacional de la Asociación de Enfermeras de Nutrición y Dietética (ADENYD) celebrado en octubre (Toledo). Ana M. López Sobalerm, profesora Titular de Nutrición y Directora del Departamento de Nutrición y Bromatología de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, considera que la ingesta de yogur mejora la digestión de la lactosa en individuos con intolerancia a la misma, pero se hace necesario proporcionar pautas específicas y asesorar a este colectivo respecto al consumo de este producto, valorando cada caso de forma individualizada.

yogurLa experta ha destacado que la falta de consumo de lácteos "compromete la calidad de la dieta y aumenta el riesgo de no cubrir las cantidades diarias recomendadas de ciertos nutrientes". Desde el punto de vista nutricional, los lácteos son alimentos valiosos tanto por la cantidad de nutrientes que proporcionan como por su calidad. Principalmente, son muy importantes por ser fuente de proteínas de alto valor biológico y de calcio, y además también aportan vitaminas (A, D y vitaminas del grupo B) y minerales (fósforo y magnesio).

En el caso del yogur y las leches fermentadas, el contenido en lactosa disminuye debido al proceso de elaboración y a la propia fermentación bacteriana, que acidifica el medio y, en consecuencia, mejoran la biodisponibilidad de minerales como el calcio, el fósforo o el magnesio, e incluso se incrementa el contenido de vitaminas como los folatos. La leche fermentada que da lugar al yogur se caracteriza por contener lacto-bacilus y electrococus, lo que lo convierte en un alimento probiótico que ayuda a las personas afectadas por la intolerancia a la lactosa a asimilar esta sustancia.

Los estudios realizados en España indican que un porcentaje elevado de la población no alcanza el consumo aconsejado de lácteos: dos o tres raciones diarias en la población general y tres o cuatro raciones al día en grupos de población con necesidades mayores de calcio y de otros nutrientes como son las mujeres embarazadas y en periodo de lactancia, los adolescentes, los deportistas y los ancianos. Más de la mitad de las mujeres no consume las raciones aconsejadas de productos lácteos al igual que los escolares de 7 a 16 años.

Se ha demostrado que el yogur suele tener una alta aceptación en los niños y puede convertirse en una estrategia adecuada para cubrir las necesidades de calcio en este grupo de población y, más aún, en aquellos que presentan mala digestión a la lactosa que por este motivo suelen rechazar la ingesta de leche y productos derivados. Además, "se ha comprobado su utilidad en la alimentación de niños pequeños con diarrea aguda y malabsorción de hidratos de carbono", ha comentado el pediatra José Manuel Moreno Villares de la Unidad de Nutrición Clínica del Hospital 12 de Octubre de Madrid.